Ese día llegaron los platillos volantes. Cientos de ellos, metálicos,
observándonos silenciosos desde hacía eones.
Y la gente en la Tierra contempló puesta en pie cómo bajaban,
Ansiosos por ver qué les esperaba dentro,
Sin que ninguno de nosotros supiera si iba a seguir aquí mañana,
Pero yo no me di cuenta porque..
Ese día, el día que llegaron los platillos volantes, se dio la extraña coincidencia de que los zombies salieron de sus tumbas, y se abrieron paso a través de la blanda tierra reclamando el descanso eterno.
Y se alzaron de repente, arrastrando los pies, con los ojos nublados, imparables,
Vinieron a nosotros, los vivos, y gritamos y corrimos,
Pero yo no me di cuenta porque...
El día de los platillos volantes, que también fue el día de los zombis, fue también El Ragnarok, y las pantallas de los televisores nos mostraron
Un barco construido con las uñas de los muertos, una serpiente, un lobo,
Todos mayores de lo que la mente podía concebir.
Y entonces los Dioses llegaron, y Odín, Thor y Loki y demás se enfrentaron a su destino.
Pero yo no me di cuenta porque...
El día de los platillos volantes/zombis/batalla de los dioses las esclusas del mundo se abrieron
Y todos fuimos arrollados por hadas, genios y duendes
Que nos ofrecían deseos y prodigios y eternidades,
Inteligencia y encanto y verdaderos corazones valerosos y calderos de oro,
Mientras los gigantes recorrían la tierra, y las abejas asesinas,
Pero yo no me di cuenta porque...
Ese día, el día de los platillos volantes, el día de los zombis
Del Ragnarok y de las hadas, el día que llegaron los grandes vientos
Y las grandes nieves, y los huracanes, el día que
Todas las plantas murieron y los mares se desbordaron, el día que los ordenadores se rebelaron y las máquinas nos conminaron a obedecer, el día que Los Ángeles, borrachos y confusos, salieron a trompicones de los bares
Y que sonaron todas las campanas de Roma, el día que los animales nos dieron sermones en hebreo, el día del Yeti, de las capas voladoras y la llegada de la máquina del tiempo,
Yo no me dí cuenta de nada porque
estaba tirado en mí habitación, sin hacer nada,
sin ni siquiera leer, no de verdad, simplemente
mirando al teléfono, preguntándome
si tú ibas a llamarme.