Puede que todas las canciones lleguen siempre a destiempo, como lo hacen algunos trenes, que transitan sin horario las vías de esta suerte absurda que es vivir.
Puede, también, que yo no sea más que una mancha en el mantel, una gota de agua resbalando en el cristal de una ventana o el ladrido de un perro en mitad de la noche.
Pero hay algo que me despierta de madrugada, obligándome a continuar, como si fuera un juguete al que le han dado demasiada cuerda y que, por inercia, sigue funcionando.
Hay algo más grande que yo habitándome a deshoras, compartiéndome el cuerpo y el miedo, desordenándome el nombre, desbaratándome los pasos y las prisas, las letras y las esperas.
Algo que no nace de mí y que sin mí no es...que de no existir me convertiría en otro, seguramente mejor.
Nunca pude ni supe cambiar. Confieso que tampoco quise.
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