viernes, 17 de abril de 2009

Es ese ruido de fondo, ese ruído persistente, penetrante, que me sigue, amortiguando el resto de los sonidos de este mundo que decide quererme menos justo los días en que necesito que me quiera un poco más.
Hay sudores fríos bajo las sábanas, heridas abiertas que no sangran, puertas que no abren ni tampoco cierran.
Hay ruido en este maldito silencio.
Se extinguen los segundos y yo con ellos en este suicidio lento que es vivir y sigo sin poder escuchar lo que me tengo que decir.

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